lunes, 14 de octubre de 2013

Enseñar a desaprender, enseñar a olvidar

A diferencia del conocimiento, la sabiduría no envejece.” Zygmunt Bauman

Desde tiempos inmemoriales, una de las máximas de la educación ha sido la memorización de contenidos. Esta es una herencia directa de los tiempos en los que no existía la escritura y, por tanto, la transmisión oral era fundamental para que los avances culturales y tecnológicos pasaran de una generación a otra.

Muy lentamente, con el paso de los siglos, al consolidarse distintos métodos para conservar y transmitir el conocimiento, especialmente la imprenta, la memoria ha ido perdiendo protagonismo en la educación hasta quedar relegada en la actualidad a un recurso más sin especial preponderancia. Por primera vez en la historia disponemos de una inagotable memoria externa, donde almacenar todo el conocimiento de la humanidad e ir actualizándola constantemente, pudiendo dedicar nuestra actividad cerebral a otras tareas.

En esta primera década del siglo XXI se está produciendo un cambio de paradigma: la función de la educación no es fijar el conocimiento, es decir, enseñar a recordar; sino que la educación tiene como objetivo enseñar a olvidar, o sea, a identificar y desechar los conocimientos caducos.

En palabras de Bauman: “Olvidar por completo y con rapidez la información obsoleta y las costumbres añejas puede ser más importante para el éxito futuro que memorizar jugadas pasadas y construir estrategias basadas en un aprendizaje previo”.

Enseñar a desaprender significa dotar a nuestros alumnos de las herramientas, destrezas, competencias y conocimientos necesarios para reconocer en todo momento lo que está vigente. Enseñar a olvidar no significa vaciar la enseñanza de contenidos, más bien al contrario, pero sí que supone una revisión de los contenidos que deben enseñarse en función del objetivo que pretendemos conseguir.

De hecho el aprendizaje en el siglo XXI se parece mucho a lo que hace Ferran Adrià con la cocina: hay que deconstruir los conocimientos adquiridos, replantearse todo el saber tradicional, desmontarlo para volver a edificarlo.

De este modo, en la educación actual debemos manejar conceptos clave como adaptación, incertidumbre, aprender a aprender, aprendizaje permanente, asertividad, educación emocional, valores… Debemos sentirnos cómodos en un entorno cambiante, debemos aprender a entender la labor docente como una guía con la que acompañar a nuestros alumnos en un mundo inestable.

Podemos resumir todo lo dicho hasta aquí con las palabras del genio Albert Einstein: “Educación es lo que queda después de olvidar lo que se ha aprendido en la escuela.”



Las dos citas de Zygmunt Bauman están extraídas de Tiempos líquidos. Tusquets editores, Barcelona, 2013.

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